Día,
que con tu luz desaparecen las sombras y dudas,
que con tu luz empieza la vida,
que tu luz pilla a los más madrugadores dormidos.
Día,
alegre, fuerte,
pero, sin embargo, engañino.
Deslumbras con tu luz y atraes al inocente
hacia tus brazos helados sin que se lo espere.
Día,
en el que confías y te responde con un viento gélido
pero te deja pensar en paz, es mejor que los hombres.
Día,
¿en que día me enamoré de ti?
Siendo yo feliz me engañe a mi misma
y luego vino la noche y me ayudó, me comprendió.
Día,
¿alguna vez pensaste en lo real que pareces?
Como un espejismo del necesitado de confianza
liberas temporalmente a los vivientes,
hasta que llega la noche y les muestra la verdad.
Por eso la preferida eres tu, día.
Porque les permites soñar despiertos
mientras la noche dispersa la niebla que esconde la realidad.
Porque somos seres de luz,
si eligiesen las sombras sería harina de otro costal.
¡Día!
¡Permíteme soñar eternamente!
Día,
absorbe mi alma, pero déjame soñar sin despertar...
¡Un abrazo amoroso!
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