La luna llamó a mi ventana, preguntando si podía ser su
musa. La estrella madre iluminó mis ojos.
Discretos rayos de luz azul me elevaron delicadamente, hacia
el cielo infinito. Me acunaron junto a las estrellas, que brillaban como ascuas
en la noche fría. Mi desnudez vergonzosa parecía lejana ante tanta belleza.
La niebla, celosa, cubrió la superficie terrestre, impidiéndome
retornar.
Sonrisa de luna me dejo huella en la frente, brillo de
estrella en mi pálida piel y oscuridad de noche invadió mis ojos, como para
contrastar.
El sol, sintiendo el revuelo, amaneció temprano para
deshacer el hechizo. Madre se escondió ante tanta claridad.
Desde entonces, al llegar el ocaso, salgo de mi cascarón y
sola, con mi pálida piel, me expongo a su azul intensidad.
¡Un abrazo amoroso!
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