¿Hay algún equilibrio entre la defensa y la autenticidad?
Os voy a relatar una historia de una niña que aprendió a sufrir:
Por buena la tenían, demasiado buena sabían.
Inocente como era, las burlas eran de ella.
En familia bien vivía, pero fuera no la entendían.
¡Zas! La margarita se convirtió en cactus.
Sin darse a penas cuenta, se cubrió de defensa.
La luz que la inundaba, quedó reservada.
Todo gesto o palabro era controlado.
¡Eh! La niña fue haciéndose a si misma.
La chica admitió su defensa sin apenas consciencia.
Una segunda piel, pero unos mismos labios de miel.
Lágrimas saladas atrapadas en su almohada.
¡Badabum! Huracanes y terremotos escapaban.
Llegó un momento en que todo era un cuento.
Pocos sabían, contados la conocían.
La fachada que tenía, todos se la creían.
¡Ja! Inocentes pensaban que sabían y juzgaban.
Encontró su supuesto lugar, aunque no encajaba como un dedal.
Cosió sus cuchilladas con el cabello de sus batallas.
Descubrió que su caja no era solo para cosas malas.
¡Fus! La chica se volvió reservada.
La erosión hizo su piel reforzada, un bastión.
Capas y capas de pintura nueva para y por si sufría de ceguera.
Incluso con ello, siguió arriesgando sin peso.
¡Ay! Seguía siendo ella.
El tiempo hizo una costumbre el bloqueo.
Palabros y gestos, naturales pero con precio.
Dudaba, ¿una persona encarcelada?
¡Tic! Una respuesta acertada.
Un proceso de curación eliminaría la maldición
de los huracanes y terremotos que asolaban su corazón.
Un deseo de equilibrio, racionalidad y mimo.
¡Tac! ¡Una máscara despegada!
Una vez contó que su corazón estaba recubierto de bosque espeso de espinos, desierto eterno abrasador y mar gélido y tempestuoso. Solo el viento perseveraría en aquel paisaje, ¿no creéis?
Dramática como soy, no me he podido resistir a ese final, en parte con un verbo de la realidad.
Espero que esta entrada más personal no os asuste. :P
¡Un abrazo sincero, por una vez!


