domingo, 16 de marzo de 2014

Nombrando y contradiciendo.

Llamémoslo rebeldía. Llamémoslo placer. Puede ser, también, pureza. O mentira en unos labios de miel.
Llamémoslo o no lo hagamos. Hagamos mil cosas sin llamar. Juguemos con los nombres no llamados, con los llamados a jugar.

¿Sabría el ave Fénix que volvería a resurgir? ¿Sabría Ares que sería el dios del fin?
Conceptos innombrables. Nombres sin concepto que atribuir.

Contrarios.
Lucha de contrarios.
Blanco, negro. ¿Gris?

Fuerza, determinación. Debilidad, vacilación.
Abrir la puerta a un mundo de introspección.

Se puede ser fuerte y sensible. Se puede conseguir delicadeza y orgullo. Podría darse interesante y fatídico. Quizá fuese perverso y apasionado.

En el punto medio de todos los antónimos. Lo irracional por antonomasia. Contrario a toda lógica dialéctica.

Debiera ser oculto, furtivo, sectario. Debiera ser escondido entre las fauces del temido [que no temible] Cancerbero.

Como el momento exacto del amanecer, como la melancólica belleza del instante de atardecer.
Como el momento culmen de la palpitación carnal. Como un eclipse lunar [o solar].
El momento entre un sostenido y un bemol, exactamente ese momento.

[Acaricia con delicadeza los pétalos de una rosa, mas teme al tallo y sus espinas venenosas.]

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