martes, 12 de noviembre de 2013

"Tempus Fugit" en verde.

Y, de repente, me sumí en un trance. ¿Había estado ciega? Los demás siguieron debatiendo sobre la fecha de fin de curso pero yo, súbitamente, me encontraba muy lejos.

La palabra "graduación" me había trastocado. No lo había ni pensado pero de repente me vino la imagen de toda la gente a la que quería y que pertenecía a esta primera etapa de mi vida sentados en unas butacas rojas mirando a un alto escenario lleno de luces. Y, así, de golpe, supe quien quería que estuviese, a quien echaría en falta si no venía. Mi familia, muy importante porque me habían acompañado durante toda mi vida y, desde ese momento, nunca iba a volver a ser lo mismo; Bea, mi permanente puerto seguro que representaba el "NoPasoDelTiempo" y, a la vez y todavía no se como, el avance y la evolución; Juan, quizá la persona que mejor me había conocido en su momento, con la que había ido conociéndome a mi misma poco a poco, con la que había disfrutado y a la cual seguía teniendo mucho cariño; Fran y Jose, amigos de la prepubertad, fuimos inseparables y quería que se sintiesen orgullosos de mi; M. Aurelio, mi inseparable media naranja, la única persona con la que había aprendido que el silencio no era malo y la naturalidad lo más sano; Martín, insospechada caja de sorpresas que, de la noche a la mañana, se había vuelto necesario en mi vida; Guille, persona imposible de tratar que me conocía mejor que yo, a pesar de nunca hablar de temas trascendentes; Jorge, nunca confesor pero era feliz a su lado...

Pero también, y para sorpresa mía, existían otras personas en la imagen que se había formado en mi cabeza. Oliver, persona esencial en mi vida que había ido y venido y me había destrozado con cada huida, en la que ya no podría confiar pero que, aun así, echaba de menos; Nuria, como no, amiga del alma con temperamento voluble y celoso que había estropeado toda relación posible entre nosotras; Pablo, mi primer amor y desde luego un chico de lo más interesante hasta que se había estropeado con la arrogancia; Diego, hacía siglos que no hablaba con él pero habíamos estado muy unidos y representaba mi vida hasta la prepubertad; Carlos, la primera persona que había apreciado mi rareza e innecesaria y aburrida madurez con júbilo provocando en mi una confianza firme y sólida; Jorge, la única relación que habíamos tenido era un folio coloreado con maestría hasta crear un precioso bosque apenas con cuatro rotus de colores y un "graffiti" de mi nombre en la agenda.

Estas últimas caras me sorprendieron tanto que regresé a la realidad y me sentí violenta al apreciar unos ojos verdes que no quitaban la vista del abanico de emociones que había surcado mi rostro como un huracán. Intenté integrarme en la conversación, apartando toda la melancolía mezclada con júbilo que me producía pensar en el futuro inminente y en todas las posibilidades que proponía, agitando la cabeza un par de veces. No tuve tiempo de entender de que hablaban porque, repentinamente, el dueño de aquellos preciosos ojos cruzó el grupo, me cogió por el codo y me arrastró, literalmente, lejos de ojos indiscretos. Vi algunas caras de asombro pero la mía debía de reflejar lo mismo por lo que no pude satisfacer su curiosidad.

Apoyó su mano en mis riñones en cuanto estuvimos fuera del campo de visión del grupo y me dirigió a una vaya verde oscuro medio oxidada en la que se apoyó. Me atrajo hacia sí rodeándome con sus brazos y apoyando su mejilla en mi pelo. Me sentía diminuta lo que produjo un ataque de rabia irracional mezclada con envidia pero también estaba muy débil por la cantidad de emociones que había experimentado a si que no me quejé. Exhaló un suspiro largo cargado de alivio que se extendió por mi pelo y se separó lentamente para poder observar mis ojos. Estaba todavía algo ida por lo que no aparte la mirada y me quede observándole mientras acariciaba mi cara en un intento de que relajase mi expresión. No preguntó, no habló, no me miró con cara rara, nada. Simplemente se limitó a reconfortarme mientras volvía el color a mi cara, que apareció súbitamente cuando miré sus ojos rebosantes de una emoción que no debería estar allí. Intenté separarme, incómoda, pero me sujeto por la nuca con la mano que me acariciaba y me miró de nuevo a los ojos con una expresión que denotaba que sabía porqué había intentado apartarme y que le parecía una "soberana tontería", como ya me dijo aquella vez que se sinceró conmigo. Intenté no mirarle a la cara mientras volvía la sangre a mis mejillas por lo que simplemente me incliné apoyando mi cabeza en su clavícula. Me volvió a rodear con sus brazos y note como se extendía una sonrisa por su cara.

Ya sabía lo que mas iba a echar de menos al irme, desgraciadamente también sabía que era mejor de esa manera, pero, aun así, se me encogió el corazón al pensar que no habíamos tenido ni siquiera una oportunidad. Suspiré apesadumbrada contra su piel mientras me estrechaba con más fuerza, por lo que decidí estirar y aprovechar ese momento al máximo, ya me preocuparía por mis sentimientos más tarde.

Cerré de nuevo los ojos y me dejé llevar por su respiración lenta y profunda.

Buenas, IdealMojados! Espero que este lapsus tan largo que me ha dado hoy os haya gustado. La verdad es que me mezclado imaginación con realidad tanto que se han vuelto uno en este texto. Verdad y ficción, dos en uno. :P

¡Un abrazo amoroso!

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